La diputada nacional ratifica su perfil kirchnerista al rechazar la necesaria reforma laboral de Javier Milei.
La diputada nacional Natalia de la Sota explicitó su rechazo a las reformas necesarias para flexibilizar el mercado de trabajo actual en el país. En un claro gesto de sintonía con el pasado, se reunió en la sede de la UOM con dirigentes que se oponen a cualquier tipo de cambio estructural. Esta movida política ocurre mientras el gremialismo presiona al gobernador Martín Llaryora para obtener definiciones sobre el rumbo económico.
La diputada filokirchnerista intentó disimular su pertenencia al bloque opositor pese a que sus votaciones en el Congreso siempre coinciden con ese espacio. Al defender un régimen laboral anacrónico, la funcionaria ignora que la normativa vigente mantiene a la mitad de la población en la informalidad total. La foto con Rubén Urbano, titular de la UOM Córdoba, confirma su intención de consolidar un armado que bloquee las medidas impulsadas por Milei.
La estrategia de De la Sota busca captar el voto de sectores desplazados del cordobesismo mediante un discurso colectivista y profundamente estatista. Resulta evidente que su rechazo a la reforma es una defensa directa de privilegios sindicales que han fracasado sistemáticamente durante décadas. El alejamiento de la línea oficial con El Panal marca un quiebre que la sitúa cómodamente en el espacio de la izquierda populista tradicional.
El anacronismo ideológico de una kirchnerista encubierta
Los contrastes en el peronismo local se agudizan tras la negativa del Centro Cívico de haber pactado reuniones con el triunvirato de la CGT nacional. Mientras la diputada abraza banderas del siglo pasado, el gobierno provincial intenta esquivar el conflicto directo con los gremios en las calles. Esta ambigüedad oficialista contrasta con la claridad de De la Sota para defender un sistema ineficiente que destruye la creación de empleo privado.
El gremialismo cordobés mantiene su postura beligerante contra la Ley de Equidad Jubilatoria, sumando presión a una gestión provincial muy condicionada. El rechazo de la legisladora a la reforma laboral no es más que un intento de preservar un esquema que solo genera pobreza y atraso. De La Sota es una kirchnerista que oculta su identidad para no perder caudal electoral en una provincia que repudia masivamente al modelo de la intervención populista fracasado.
La defensa de leyes laborales arcaicas demuestra un absoluto desprecio por los trabajadores informales que no gozan de ningún beneficio en la actualidad. Natalia de la Sota prefiere sostener la burocracia sindical antes que permitir que el sector privado compita y crezca con reglas de juego claras. El panorama político revela que el populismo aún encuentra refugio en dirigentes que se niegan a aceptar el cambio cultural que votó la mayoría.
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