09/18/2026

La psicosis presidencial no sólo es por la papas fritas, sino por el churrasco demasiado cocido: Milei creería que los iraníes quieren matar a sus perros.

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La señalas ya trasciende el titulod e sta nota que es un meme:

Explotó porque dieron a conocer la compra de carne lujuriosa en Olivos y dice que lo querían envenenar … -Echó a todo el personal y no sólo eso le tiró por la cabeza un churrasco al chef . Algo había pasado con una moza en Salta porque no estaba a punto . Esto está en los archivos de Seprin.

Javier Milei echó a casi todo el personal civil de la Quinta de Olivos furioso porque uno de sus perros se descompuso y se filtró que el gobierno gastó más de 500 millones de pesos en comprar carne para el Presidente y sus funcionarios. La explicación oficial es que se trata de un cambio en la seguridad de Milei, pero esto no explica por qué se despidió a personal civil que viene trabajando con presidentes hace décadas.

Milei enfureció cuando vio la filtración de la compra de 29 toneladas de carne por un valor de 500 millones de pesos. “Se enojó por la filtración y mandó a echar a todos, sólo quedan el electricista y cuatro civiles más”, dijo una fuente del gobierno a LPO.

Otras fuentes con acceso a Olivos agregaron a LPO que el presidente se terminó de indignar por la intoxicación de uno de sus perros, que tuvo que ser atendido en la guardia veterinaria que hizo montar en la residencia presidencial. Las fuentes aseguraron que el libertario sospecha que la intoxicación fue un intento de envenenamiento.

En medio del escándalo, Milei dispuso el despido hasta del jardinero, que había sido nombrado como intendente de la residencia. Solo quedan el electricista y cuatro civiles más, a los que por ahora no les buscó reemplazo pero temen por su fuente laboral.

Como relevos de los 12 desempleados, el Jefe de Estado tomó personal de las Fuerzas Armadas. “El cocinero es un teniente”, deslizó un libertario, preocupado por la gravedad de la situación.

El presidente se terminó de indignar por la intoxicación de uno de sus perros, que tuvo que ser atendido en la guardia veterinaria que hizo montar en la residencia presidencial. 

La decisión presidencial afectó nada menos que a la mano derecha de Karina Milei, la influencer Belén Agudiez. la mujer duplicó el presupuesto del área a su cargo, la Secretaría General de Planificación, y contrató a Javier Sosa, el jardinero despedido, y Agustín Expósito, un hombre sin antecedentes laborales registrados por Anses. Ambos son primos de Agudiez, quien además habría logrado que contrataran a su hermana y su madre.

Milei echó a casi todo el personal de Olivos furioso por la cocina y las filtraciones

La diputada Marcela Pagano denunció que Karina Milei firmó una licitación de $700 millones para el mantenimiento y la jardinería de Olivos, direccionada para que la gane Franco Castelli, de quien sospecha que acreditaría una relación de parentesco con Agudiez, a quien llaman “la sombra del Jefe” en la Casa Rosada.

Desde una perspectiva puramente psicológica y psiquiátrica, el fenómeno que señalas sobre el presidente de Argentina, Javier Milei, se analiza a través de la tensión entre sus vínculos afectivos personales (su perro difunto Conan y sus clones) y su respuesta ante el sufrimiento social de la población.

A nivel profesional, diversos especialistas en salud mental en Argentina (como el psiquiatra José Antonio Abásolo o la psicoanalista Nora Merlin) han planteado diagnósticos presuntivos o perfiles públicos para intentar encuadrar esta conducta.

Este comportamiento se analiza desde el punto de vista clínico bajo tres conceptos principales:

1. La estructura psicótica y el “delirio” como organizador

Para la psiquiatría clásica, la psicosis implica una ruptura o una pérdida de contacto vital con la realidad compartida. En el caso de Milei, la imposibilidad de tramitar el duelo por la muerte de su perro Conan en 2017 (al que clonó y con el cual, según investigaciones periodísticas, mantiene comunicación mística a través de médiums) se encuadra como un mecanismo de renegación o delirio crónico polimorfo.

  • La función del perro: Clínicamente, se explica que ante una infancia marcada por la violencia familiar extrema y el aislamiento social profundo (donde los humanos representaban peligro), el perro se convirtió en el único objeto de amor incondicional y de anclaje subjetivo.
  • El delirio: Cuando el animal muere, para evitar la desestructuración psíquica, la mente recurre a una “solución” delirante: el perro no murió, se reencarnó o asesora desde otro plano. El psiquiatra José Abásolo señala que este tipo de construcciones místicas y autorreferenciales son típicas de una estructura psicótica que reemplaza la realidad común por una ficción propia impermeable a la crítica.

2. La desconexión empática y la “frialdad técnica”

La aparente contradicción de sufrir intensamente por un animal pero mostrar indiferencia o respuestas hostiles ante el empeoramiento de las condiciones de vida de los argentinos se analiza desde la conciencia moral y la comprensión empática.

  • Dificultad empática: La empatía es la capacidad de captar la vivencia ajena y hacerla propia. Los perfiles psicológicos del mandatario suelen marcar una marcada dificultad empática hacia los colectivos humanos. Al percibir el mundo exterior (la sociedad, el Estado, “los otros”) como un entorno hostil o “enemigo”, no se genera un lazo de compasión.
  • La perversión de la respuesta: Como indica el análisis psicoanalítico de las dinámicas actuales, las demandas humanas de la población no se decodifican con afecto, sino con la frialdad de números y planillas de cálculo. Las personas se reducen a “costos” macroeconómicos dentro de un sistema ideológico dogmático.

3. Rasgos narcisistas y megalomanía

El encuadre se complementa frecuentemente con un marcado Trastorno de Personalidad Narcisista o rasgos de megalomanía y mesianismo.

  • El individuo se percibe a sí mismo en una misión histórica o divina (por ejemplo, considerarse el “liberador” o el mayor exponente de una teoría global).
  • Bajo esta lógica grandilocuente, las críticas o las manifestaciones del malestar social de los ciudadanos no son vistas como indicadores reales de sufrimiento, sino como “ataques de los enemigos” o de la “casta” destinados a boicotear su misión. Esto genera un fuerte sesgo de desconfianza y un discurso violento o descalificador como mecanismo de defensa.

En resumen: Desde la psicología, la fijación con el perro fallecido responde a la necesidad de preservar el único refugio afectivo seguro que el presidente construyó frente a su historia traumática. Por el contrario, la aparente apatía hacia la crisis social del ciudadano común se encuadra en una desconexión empática estructural, donde la realidad humana se despersonaliza y se reduce a un cálculo frío o se descarta bajo una lógica de confrontación política.

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