Se trata del primer mes completo con datos desde que comenzó el conflicto bélico en Irán. De la duración de la guerra depende que no se intensifiquen los daños, no se complique la liquidez y los flujos de deuda.
En la lista de efectos globales provocados, hasta ahora, por el conflicto bélico en Medio Oriente, sin duda, uno de los más notorios, en términos financieros, es la diáspora de los inversores extranjeros de los mercados emergentes, no vista desde el inicio de la pandemia del covid-19. Según datos del Institute of International Finance (IIF), los flujos de cartera de los mercados emergentes cayeron drásticamente hasta volverse negativos en u$s70.300 millones en marzo. Se trata del peor dato mensual desde marzo de 2020, lo que además marca una manifiesta ruptura con la tendencia tras la importante conmoción geopolítica de la guerra de Irán. El dato cobra relevancia también porque es el primer mes completo con registros después del inicio del conflicto.
Por ello, seguramente, cada día se deben lamentar más en el equipo económico de Luis Caputo no haber aprovechado la ventana de oportunidad que brindó enero cuando el riesgo país rondaba los 480 puntos básicos a fines de dicho mes (en dos meses había recortado casi 180 puntos) porque tienen en claro que los inversores internacionales prácticamente huyeron de los mercados emergentes en medio de la guerra. Si bien debían pagar una tasa de interés mayor a la deseada por el Gobierno de Milei que aspiraba a alcanzar una prima de riesgo país en torno a los 300 a 350 puntos podían haber testeado al mercado y además haber captado algunos fondos frescos para afrontar los próximos vencimientos de deuda. Pero bueno ya es tarde para lamentos ahora hay que enfrentar un contexto, aún más desafiante, del que ya se tenía. Cabe recordar que en febrero pasado los flujos netos fueron positivos en u$s22.400 millones y un año atrás, en marzo 2025, de u$s10.300 millones.
Por lo pronto, según el IIF, el deterioro en los flujos de capitales de no residentes a los emergentes se debió principalmente a la renta variable, y sobre todo de Asia (excluyendo a China) que concentró la mayor parte de las salidas. Los flujos de renta variable en los mercados emergentes fueron negativos en u$s56.000 millones, lo que implica la mayor salida mensual de capitales desde el impacto de la pandemia. Por su parte, los flujos de deuda también se debilitaron considerablemente, pasando de ser positivos en febrero por u$s14.900 millones de dólares a negativos en marzo por u$s14.200 millones.
“La variable clave para las perspectivas ahora es la duración de la guerra con Irán, ya que una interrupción breve probablemente mantendría los daños concentrados, mientras que un conflicto prolongado pondría en riesgo una mayor presión sobre los flujos de deuda, las políticas internas y las condiciones de liquidez de los mercados emergentes”, avizoran los economistas del “think tank” de la banca internacional y los fondos globales.
La velocidad del cambio de tendencia es especialmente notable porque los mercados emergentes habían entrado en la crisis desde una posición de fortaleza inusual, con entradas de capital excepcionalmente grandes en enero pasado y una demanda agregada aún positiva luego en febrero. Por lo tanto, marzo destaca no como una continuación de una tendencia ya débil, sino como una ruptura abrupta de un régimen tras una importante crisis geopolítica.
Sin duda, el principal motor del cambio de tendencia general en los emergentes ha sido la liquidación de posiciones en acciones ya que el debilitamiento en los flujos hacia los bonos emergentes fue mucho menor. “Esta distinción es importante para la interpretación: marzo no se asemejó a una paralización uniforme y generalizada en todos los activos de los mercados emergentes, se trató, en cambio, de un episodio concentrado de aversión al riesgo en el que las acciones actuaron como principal margen de ajuste, mientras que la deuda también se deterioró, aunque con mayor diferenciación entre países y regiones”, explican desde el IIF.
Además, la diferenciación entre China y el resto de los mercados emergentes se mantuvo inusualmente clara durante el mes, ya que los flujos de deuda de China se mantuvieron positivos en u$s2.500 millones en marzo, una modesta mejora con respecto a los u$s2.100 millones de febrero, “lo que sugiere que la renta fija china continuó proporcionando relativa estabilidad incluso cuando el conjunto de mercados emergentes se vio presionado”. Por el contrario, los flujos de deuda de los mercados emergentes (excluyendo China) fueron negativos en u$s16.700 millones, una fuerte reversión con respecto a los u$s12.700 millones positivos de febrero. Por el lado de la renta variable, China también se debilitó, con salidas de u$s2.600 millones tras una entrada de u$s5.200 millones en febrero, “pero la verdadera tensión se concentró fuera de China”. Los flujos de renta variable de los mercados emergentes (excluyendo China) fueron negativos en u$s53.400 millones en marzo, en comparación con los u$s2.300 millones aún positivos de febrero. “La conclusión general es que China no escapó al impacto, pero no fue su epicentro. La relativa resiliencia de la deuda china contrastó notablemente con la contracción mucho mayor observada en los mercados emergentes (excluyendo a China) especialmente en el sector de la renta variable”, señala el IIF.
El patrón de los flujos en distintas regiones
Los patrones regionales refuerzan este mismo mensaje: Asia emergente representó la mayor parte del deterioro de marzo, con salidas totales de cartera de u$s55.700 millones y casi la totalidad provino de la renta variable, que cayó en u$s53.700 millones, mientras que los flujos de deuda fueron solo ligeramente negativos, en u$s2.000 millones. “Esto confirma que Asia fue el principal canal de transmisión del shock de marzo, en consonancia con la mayor exposición de la región a los precios más altos del petróleo, los riesgos de suministro de combustible y el reposicionamiento de la renta variable vinculada a la tecnología”, sostiene la entidad.
En términos prácticos, se observa que, durante el primer mes completo tras el estallido de la guerra, Asia emergente absorbió casi la totalidad de la reversión general de los emergentes de la parte de renta variable. Mientras que otras regiones resistieron mucho mejor, aunque ninguna estuvo completamente aislada.
Latinoamérica, por ejemplo, se mantuvo relativamente resiliente, con flujos totales de cartera negativos de u$s900 millones en marzo. Los flujos de deuda se tornaron negativos, en u$s2.200 millones, pero la renta variable aún atrajo u$s1.400 millones, lo que sugiere que el respaldo de las materias primas y el atractivo relativo de “carry trade” continuaron amortiguando el impacto en la región.
En cuanto a Europa emergente registró salidas totales de u$s4.300 millones, repartidas entre u$s1.600 millones en deuda y u$s2.600 millones en renta variable. Si bien fue una caída leve, aún se encuentra lejos de la magnitud de la venta masiva en Asia. La región de Medio Oriente y norte de África registró salidas totales de u$s9.500 millones, impulsadas principalmente por la deuda (u$s8.400 millones), mientras que las salidas de renta variable se limitaron a u$s1.100 millones. “Esto nos recuerda que los precios más altos del petróleo no se tradujeron automáticamente en mayores entradas de capital en las carteras de la región. El acceso a los mercados, la proximidad regional al conflicto y la aversión al riesgo generalizada siguieron influyendo significativamente en el panorama de los flujos de inversión”, explica el IIF.
Según los economistas de la entidad internacional, varios mecanismos macro-financieros ayudan a explicar el patrón de marzo: en primer lugar, la guerra desencadenó una clásica revalorización del riesgo petrolero, pero el impacto inicial en los flujos de los mercados emergentes se transmitió más a través de las acciones que de la deuda. Esto probablemente refleja que las asignaciones de acciones reaccionan con mayor rapidez a las grandes perturbaciones geopolíticas, especialmente cuando estas también amenazan el crecimiento, los márgenes y el apetito de riesgo global.
En segundo lugar, la carga inmediata recayó desproporcionadamente sobre los importadores de energía, particularmente en Asia, donde la exposición a los flujos energéticos del Golfo es alta y donde la mayor rigidez de los mercados físicos de crudo y productos refinados parece haber tenido un impacto más directo que en otras regiones. En tercer lugar, el conflicto se produjo en un momento en que el posicionamiento ya se había extendido tras las entradas excepcionalmente fuertes de enero. “Una vez que llegó la perturbación, esa acumulación previa de riesgo fue vulnerable a una reversión abrupta. Al mismo tiempo, los datos de marzo aún no apuntan a un evento de financiación de mercados emergentes totalmente generalizado”, señalan.
Con vistas al futuro mediato, el IIF considera que, si el conflicto persiste y el impacto pasa de una revalorización inicial del petróleo a un régimen de costos energéticos y de insumos más estable, las implicaciones para los mercados emergentes se vuelven más graves. “Una mayor inflación, una flexibilización tardía de las condiciones financieras globales, un dólar más fuerte y una menor flexibilidad política en los mercados emergentes vulnerables dificultarían la estabilización rápida de los flujos. En ese contexto, la siguiente etapa de diferenciación probablemente estará determinada menos por la reacción inicial del mercado y más por qué países conservan la credibilidad monetaria, el margen fiscal y las reservas externas necesarias para absorber un conflicto más prolongado”.
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