10/06/2026

Una joven denunció que su novia la secuestró y torturó: “Me quemó los pechos con una plancha”

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Un escape desesperado con ayuda de los vecinos que destapó un calvario de encierro, suplantación de identidad y torturas. Ocurrió en Río Gallegos.

La comunidad santacruceña de Río Gallegos está conmocionada tras conocerse los escabrosos detalles del rescate de una joven de 23 años que, tras soportar meses de un asedio sistemático y brutal, huyó de su agresora de 27, corriendo por las calles cercanas al natatorio municipal.

Fuentes policiales informaron que su escape desesperado, auxiliado por la solidaridad de los vecinos, fue el punto de quiebre para que los efectivos desbarataran un calvario de encierro, suplantación de identidad y tortura.

El operativo que culminó con la localización y el resguardo de la víctima se gestó a partir de una denuncia judicial canalizada a través de la División Comisaría de la Mujer y la Familia, bajo la estricta intervención del Juzgado de Instrucción N.º 2 de Río Gallegos, informa La Opinión Austral.

Ante la urgencia de establecer el paradero de la joven, los efectivos de la División de Investigaciones (DDI) desplegaron tareas de campo y labores de inteligencia criminal. El rastreo los condujo hasta un inmueble ubicado sobre la calle Tres Lagos, donde además detectaron el automóvil directamente vinculado a la investigación.

Al ingresar a la vivienda, los agentes confirmaron la presencia de la mujer buscada, procediendo a su inmediato traslado hacia la sede de la Comisaría Tercera para garantizar su integridad física y completar las diligencias de rigor procesal.

El desgarrador testimonio de la víctima

Según relató la víctima (Y.B.) a la Justicia, en una de las primeras agresiones K. Romero le pegó en la nariz y provocó una inflamación que duró dos semanas, pero el episodio más grave ocurrió en abril. “Me quemó los pechos con una plancha”, sostuvo la joven, quien habría sufrido una quemadura de segundo grado.

La víctima aseguró que las amenazas fueron una de las razones por las que no pudo escapar antes. “Me decía que iba a hacerle algo a mis hermanos más chicos”, contó. Según su testimonio, el consumo de sustancias agravaba los episodios de violencia. “Ella fumaba porro, tomaba de vez en cuando y esola ponía más agresiva”, señaló.

La palabra de la familia de la joven torturada

El círculo íntimo de la joven rompió el silencio con La Opinión Austral para exponer la magnitud del tormento al que fue sometida durante los seis a siete meses que convivió con su agresora.

La dinámica de la relación mutó hacia un aislamiento absoluto, un manual de control sobre la vida de la víctima. “Ella estaba juntada con ella, vivían juntas, le prohibía hablar con nosotros. Le sacó el celular, redes sociales, cuentas bancarias y demás”, relataron sus familiares.

El nivel de manipulación de la acusada alcanzó ribetes escalofriantes, ya que Romero no solo aisló a su pareja, sino que se apropió de su voz digital. “Siempre se hacía pasar por ella, nos escribía de otra manera que nos dábamos cuenta que era K. Romero”, explicó su entorno. A la par de la suplantación de identidad, creaba perfiles falsos para enviar mensajes amenazantes, tejiendo una red de paranoia y terror constante.

La violencia psicológica fue el preludio de un salvajismo físico inusitado. Según los testimonios de la familia, el historial de agresiones incluye episodios de una crueldad extrema, como una denuncia previa donde se constató que Romero le había provocado a la joven una quemadura de segundo grado en el pecho utilizando una plancha.

Un salvaje ataque con herramientas

El último ataque, el que precipitó la huida, superó cualquier límite. “La tenía atada con alambres de púa, le dio martillazos, la golpeó con el destornillador”, detallaron sus seres queridos. Todos estos elementos fueron secuestrados por los peritos policiales en la escena del hecho.

Según el círculo íntimo de la víctima, Romero cuenta con un diagnóstico de severos problemas mentales, un factor que, denuncian, provocó que las presentaciones judiciales anteriores “no prosperen”. Peor aún, la agresora utilizaba las propias herramientas del sistema para blindar su impunidad y mantener alejada a la familia de la joven.

“Nunca podíamos hacer nada, porque siempre Romero nos denunciaba con restricciones, también que no subamos nada a redes sociales y demás”, afirmaron, exponiendo cómo las medidas cautelares fueron perversamente invertidas para proteger a la victimaria.

Hoy, la joven se encuentra a salvo, contenida por un escudo afectivo que intenta reconstruir lo que la violencia intentó destruir. “Por estos días está con mucho acompañamiento de nosotros, de su familia, porque todo esto es un proceso largo”, confiesan.

Las próximas horas serán determinantes en los tribunales de Río Gallegos, donde la Justicia deberá definir la situación procesal de Romero. El pedido de la familia es unánime y desesperado: exigen que la acusada permanezca detenida.

Cronica.com