Diálogos de Wall Street: todos los ojos puestos en el conflicto de Ormuz, los resultados bancarios y la temporada de balances
La guerra y la paz. Ormuz vuelve a cerrarse y las cotizaciones del petróleo se disparan al alza. ¿Qué hacer con la noticia de que los precios al consumidor cayeron 0,4% en julio? La economía pujante infla los resultados de la banca que son extraordinarios. Y la temporada de balances promete más sorpresas positivas. ¿Qué realidad debe mirar la Fed de Warsh? ¿Deberá subir la tasa de interés? ¿Hacia dónde irá Wall Street?
Periodista: De repente, sobrevino una avalancha extraordinaria de hechos y de noticias. Volvió la guerra, nomás. ¿O no? Son los misiles, pero, sobre todo, la decisión de EEUU de retomar el bloqueo naval del estrecho de Ormuz. Irán responde al fuego con fuego. Los valores del petróleo subieron 10%. Justo cuando nos enteramos que la inflación pegó la vuelta. Los precios al consumidor cayeron 4% en junio. ¿Trump está boicoteándose a si mismo?
Gordon Gekko: Y a Kevin Warsh que debe conducir una Fed dividida, con gobernadores que quieren ver acción y no solo promesas.
P.: A la par, ingresó la primera oleada de balances de la temporada. Y los guarismos de los bancos son arrolladores. JPMorgan obtuvo la utilidad trimestral más alta de toda la historia bancaria: ganó 21 mil millones de dólares. Su CEO, Jamie Dimon, quien tanto nos alertó sobre las “cucarachas” de los malos créditos el año pasado, reconoció que las condiciones actuales de los negocios son sobresalientes y muy difíciles de superar.
G.G.: Sigue habiendo cucarachas, pero están muy escondidas en los rincones (del private equity). La pujanza de la actividad es muy general. Goldman Sachs, BofA, Citi y Wells Fargo, todos ellos, mostraron sólidos resultados.
P.: La economía está encendida, el Golfo se prende fuego, la curva del Tesoro – las tasas cortas y largas – también se recalientan. ¿Hacia dónde vamos? ¿Cómo se canaliza tanta energía sin chamuscarse?
G.G.: Wall Street resiste. La fortaleza de la economía está metida en los precios hace tiempo. Y tiene las espaldas bien cubiertas por los balances que están por venir, aunque no todos serán impecables. Ya vimos el traspié de IBM.
P.: Se espera un crecimiento interanual de las utilidades por acción de más de 20%.
G.G.: Más cerca de 25% que de 20%, a esta altura. Y si la historia nos sirve de guía, cuando termine de girar todo el carrusel, podríamos estar en 30%.
P.: Impresionante.
G.G.: Si no fuera por las noticias del Golfo, el S&P 500, después de los reportes bancarios, ya estaría surfeando por nuevos récords.
P.: ¿Vuelve Ormuz a ser el centro de las preocupaciones?
G.G.: Todavía no es el foco principal. Pero, estaba fuera del radar de los prácticos. Y ahora se emitió el debido aviso a los navegantes. Habrá que tenerlo en cuenta.
P.: ¿Qué tan grave va a resultar?
G.G.: Con el crudo a 75 dólares, los cortocircuitos son anecdóticos. Arriba de 80 dólares, es un aviso de alerta temprana. Si supera los 90 y se mantiene allí, es porque se cerró el flujo y volvimos a la “guerra”, más allá de que se escuchen detonaciones o no. Los avatares bélicos no van a resolver el dilema, habrá que volver a negociar.
P.: ¿Qué pasó? ¿Por qué no se pudo mantener el status quo que produjo el acuerdo provisional del 17 de junio?
G.G.: Los países ribereños quieren administrar la navegación por Ormuz y cobrar por ello. EEUU no lo admite. Quiere volver a la situación de libertad previa a la guerra. Pero ese es el juguete que Trump rompió. Y no tiene arreglo. ¿Cómo le saca la sortija a Irán una vez que se la entregó?
P.: Trump dice que lo va a bombardear.
G.G.: Ya lo hizo en marzo con gusto. ¿Y después de bombardearlo, qué? No sirvió. No se olvide que la tregua arrancó en abril. El Acuerdo Provisional trajo consigo un paquete de retribuciones económicas muy importantes para Irán. ¿Era la moneda de cambio para que Irán conceda? Lo que vemos es que Teherán no acepta ni siquiera la existencia de rutas alternativas que no pasen por su control. Ahí está el problema. Bombardear el problema – con la lógica de tierra arrasada – no lo resolverá. No se trata de aplanar el terreno, sino de abrirlo al comercio de forma segura. La diplomacia es el medio apropiado para ese fin.
P.: ¿Qué hará la Fed en este contexto? La inflación de junio fue -0,4%. Es la caída más fuerte desde 2020. Para el discurso de Kevin Warsh de darle prioridad a la lucha contra la inflación calza como anillo al dedo. Pero, ahora, ¿cuánta de esa mejoría no volverá a estar en tela de juicio? ¿Qué debe hacer el banco central para que la inflación, pese a la guerra, siga cayendo?
G.G.: Si me pregunta por la reunión a fin de mes, creo que la decisión va a ser dejar las tasas dónde están. La curva de rendimientos está haciendo un trabajo importante de contención detrás de bambalinas. Y Warsh debe confiar bastante en esa colaboración indirecta. La Bolsa se mantiene expectante, por caso. No se deja llevar por la exuberancia.
P.: ¿Con eso alcanza?
G.G.: Yo creo que hará falta más. Pienso que las tres bajas de tasas del año pasado – a modo preventivo por causa de las señales de anemia laboral, que por suerte ya se corrigieron – nos deberían permitir este año su paulatina reversión. Sería apelar a la misma lógica de prevención, aunque con el signo cambiado. Si se tiene en cuenta que las tasas reales subieron medio punto en lo que va de 2026, yo creo que lo prudente sería comenzar con una suba de un cuarto de punto de fed funds, relativamente pronto. Le repito, no creo que la Fed lo resuelva a fin de mes, pero sería inteligente anticiparse. Y si Warsh lo impulsara con el voto unánime de sus colegas, desde mi punto de vista, sería impecable.
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