Causa Cuadernos: olvidos, anomalías en los manuscritos y un exfuncionario que negó conocer pagos para la política
El fotógrafo que retrató los manuscritos del chofer Oscar Centeno no recordó varias anomalías ni hojas en blanco pese a haberlos fotografiados, y admitió que no hubo escribano ni certificación notarial durante el procedimiento.
El juicio por la causa Cuadernos sumó una nueva jornada atravesada por interrogantes sobre el origen, la conservación y el contenido de los manuscritos atribuidos al ex chofer Oscar Centeno.
La declaración del fotógrafo del diario La Nación que registró las páginas en 2019 dejó expuestas contradicciones y detalles que las defensas consideran relevantes para cuestionar la solidez de la prueba central de la acusación.
Fernando Gutiérrez Hermelo, exjefe de fotografía del matutino, reconoció ante el Tribunal Oral Federal 7 los cuadernos que había fotografiado años atrás. Sin embargo, su testimonio también dejó al descubierto que pese a haberlos fotografiado no recordaba anomalías que aparecieron al revisar los originales durante la audiencia. No recordaba que tenía las tapas al revés, pero si dijo “parece que lo desarmaron y armaron después”
El procedimiento fotográfico se realizó sin la presencia de un escribano público y sin certificación notarial que diera fe de cómo se llevó adelante el registro. El propio fotógrafo confirmó que no se había convocado a un escribano para esa tarea.
El dato abrió nuevos interrogantes sobre las condiciones en las que se documentaron los manuscritos antes de que llegaran a la Justicia.
Un cuaderno con las tapas al revés y páginas en blanco
Durante el interrogatorio, la defensa de Roberto Baratta, encabezada en ese tramo por el abogado Marcos Aldazábal, puso el foco en dos particularidades de los originales que el testigo no había mencionado.
Al revisar el cuaderno número 4, el letrado advirtió que las anotaciones no seguían el orden cronológico que cabría esperar: las primeras correspondían a mayo de 2010, mientras que las últimas remitían a abril de 2009. La disposición indicaba que las tapas estaban invertidas.
Cuando le preguntaron si había advertido esa particularidad al fotografiar las páginas una por una, el fotógrafo respondió que no. Al observar el ejemplar durante la audiencia, reconoció: “Sí, está al revés”.
Ante la consulta sobre por qué no lo había notado en 2019, contestó: “No, la verdad que no. Parece que en un momento lo desarmaron y lo volvieron a armar”.
La revisión del cuaderno número 6 sumó otro elemento. El ejemplar comenzaba con una anotación fechada el 2 de junio de 2015 y terminaba con otra del 4 de septiembre de 2012, pero contenía varias páginas en blanco. Pese a que el fotógrafo había explicado que registró todas las hojas, no recordó esa particularidad. “No recuerdo, no me llamó la atención”, respondió.
Para las defensas, estos detalles adquieren importancia porque los manuscritos constituyen uno de los pilares de la investigación. La discusión no se limita a determinar si el fotógrafo vio los cuadernos, sino también a establecer qué garantías rodearon su registro y qué puede afirmarse sobre la integridad del material.
La reconstrucción de la entrega también dejó diferencias. Otro punto cuestionado fue el lugar en el que se tomaron las fotografías.
Gutiérrez Hermelo relató que fue convocado por la jefatura de redacción del diario y que se trasladó a la casa del periodista Diego Cabot, quien había recibido los cuadernos de una fuente anónima. Según su versión, los ejemplares estaban dentro de una bolsa y los apoyó en el piso para fotografiarlos hoja por hoja.
Sin embargo, esa reconstrucción difiere de la que había brindado Cabot, quien había señalado que, tras recibir los manuscritos, los llevó a la redacción del diario y que allí se realizaron las fotografías.
La diferencia vuelve a poner el foco en una etapa decisiva para la causa: el recorrido que siguieron los cuadernos desde su aparición hasta su entrega a la Justicia al fiscal Carlos Stornelli.
El fotógrafo describió los ejemplares como gastados y deteriorados, y dijo estar “prácticamente seguro” de que eran los mismos que había registrado en 2019. Esa identificación fue presentada como un elemento favorable a la acusación, pero no elimina los interrogantes planteados durante el interrogatorio. Las dudas se suman a las objeciones que las defensas vienen formulando sobre las anotaciones.
En peritajes de los cuadernos se señalaron tachaduras, correcciones, agregados y palabras superpuestas. También se planteó, a partir de un estudio sobre los manuscritos, la posibilidad de que algunos pasajes hubieran sido dictados o copiados. Esos cuestionamientos forman parte de la controversia que el tribunal deberá evaluar al analizar el valor probatorio de los documentos.
La fiscalía casi no preguntó
La intervención de la fiscal Fabiana León y de la Unidad de Información Financiera (UIF), querellante en el proceso, también llamó la atención durante la audiencia. Ambos realizaron un interrogatorio muy breve: la fiscal se limitó a preguntas sobre el cargo del testigo y su tarea fotográfica, mientras que el representante de la UIF no formuló preguntas.
El protagonismo quedó así en manos de las defensas, que aprovecharon la exhibición de los originales para señalar las particularidades que, según sostienen, debilitan la confiabilidad de la prueba.
El episodio volvió a instalar una pregunta central para el juicio y para las defensas: cuánto puede sostenerse sobre la base de unos manuscritos cuya historia previa a la entrega judicial sigue siendo objeto de controversia.
Un exfuncionario negó haber visto pagos para la política
La audiencia también dejó una declaración relevante para la discusión sobre el presunto circuito de recaudación ilegal. Luis Vitullo, exdirector general de Administración del entonces Ministerio de Planificación Federal, fue consultado por la fiscalía acerca de si había observado pagos destinados a la política durante su paso por la función pública.
Su respuesta fue contundente: “No, que yo sepa no”.
Vitullo conocía a Roberto Baratta desde la universidad y describió durante su declaración aspectos del funcionamiento administrativo del Estado, las contrataciones y los procedimientos vinculados con los pagos de obra pública. También explicó que las reuniones entre funcionarios y empresarios que conocía se realizaban en oficinas del Ministerio de Economía, aunque aclaró que no sabía si se habían concretado otros encuentros fuera de ese ámbito.
En otro tramo, se refirió a Centeno y calificó al exchofer como uno de los trabajadores “conflictivos” de la estructura de transporte. Según explicó, los problemas estaban relacionados con las horas trabajadas y las que se les reconocían a los choferes tercerizados.
Una prueba bajo cuestionamiento
En el juicio de los Cuadernos son juzgados 86 acusados, entre ellos la ex presidenta Cristina Kirchner, ex funcionarios de su gobierno y empresarios.El caso se originó a partir de las anotaciones atribuidas a Centeno sobre recorridos que, según la acusación, estaban vinculados con la entrega de sobornos.En el debate oral, las defensas apuntan a discutir tanto la autenticidad y confiabilidad de esos registros como las circunstancias en que se obtuvieron las declaraciones de los imputados colaboradores.En otra causa se investiga la supuesta manipulación de los cuadernos.
Ambito.com
