En el aniversario de su creación, el jefe naval combinó doctrina y geopolítica con un mensaje hacia el Gobierno: alertó por el recorte de fondos y reclamó inversión sostenida para sostener la operatividad y el control marítimo.
La Armada conmemoró este domingo el 212 aniversario de su creación, con un acto en el Estadio de la Base Naval Puerto Belgrano, y con la presencia de los ministros de Defensa, teniente general Carlos Presti, y de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Pablo Quirno.
El discurso del jefe de la Armada, almirante Juan Carlos Romay, anfitrión en la ceremonia buscó combinar historia naval, geopolítica y reclamo presupuestario en una narrativa coherente: la Argentina necesita volver a pensar el mar como un espacio central de poder y no como una periferia olvidada.
Más que discurso conmemorativo, fue una pieza de doctrina estratégica y de presión institucional moderada. Los cuadros formados en la base Puerto Belgrano y en las unidades navales esperaron en vano alguna definición sobre la marcha de la obra social militar.
La presencia de los dos ministros cuyas áreas de competencia articulan una política de Estado en relación con los intereses estratégicos navales del país puso el contexto adecuado.
La diplomacia tiene más capacidad de negociación cuando detrás existe una capacidad militar creíble a eso apuntó el texto. No se trata necesariamente de usar la fuerza, sino de demostrar presencia, vigilancia y capacidad de control.
Romay habló sabiendo que su mensaje tenía dos receptores concretos dentro del Poder Ejecutivo.
En primer lugar, hizo lo acostumbrado, basarse en la tradición naval argentina —la figura del almirante Guillermo Brown y el Combate de Montevideo de 1814— como fundamento doctrinario de una idea central: “sin control del mar no hay soberanía efectiva”.
Funcionó como argumento legitimador para reclamar capacidades navales concretas cuando se prevé ralentizar la adquisición de helicópteros para los patrulleros oceánicos y aún no sale del tablero de las opciones cuál arma submarina reemplazará la capacidad perdida tras el naufragio del submarino ARA San Juan.
La frase de Romay apuntó a un tema de coyuntura que preocupa al mundo uniformado por su impacto a futuro tanto en alistamiento como en adiestramiento del denominado “instrumento militar”.
Se trata de la reciente adecuación presupuestaria por Decisión Administrativa 20/2026 o sea la poda o “motosierra” a más de 45 mil millones de pesos del presupuesto de Defensa.
La guadaña anticipa un calvario para la operatividad de las tres fuerzas armadas, aunque nadie se anime a decirlo en público.
En marzo pasado durante el recordatorio del fallecimiento del almirante Brown el jefe de la Armada había reclamado submarinos y fragatas modernas, insistiendo en recuperar “capacidades postergadas”.
El Atlántico sur eje y fundamento de reclamo presupuestario
El eje más fuerte del mensaje del jefe naval fue el estratégico. Romay insistió en que el Atlántico Sur dejó de ser un espacio periférico y pasó a ser un escenario crítico por varias razones: la protección de recursos pesqueros y energéticos; el control de rutas marítimas; la proyección antártica; (un asunto hoy en emergencia tras conocerse el recorte de más de 1.900 millones de pesos en sostén logístico); y la relevancia de los pasos bioceánicos australes.
El punto tiene especial relevancia porque vincula la agenda naval argentina con la creciente tensión internacional sobre corredores marítimos estratégicos.
Faltó citar la participación de la marina con un oficial de estado mayor en la Fuerza Marítima Combinada (Combined Maritime Foreces) un esquema multinacional con presencia en el Golfo Pérsico para actuar junto a naciones amigas en escenarios complejos, donde la comunidad internacional procura garantizar la libertad de navegación y la seguridad del tráfico marítimo, vital para el comercio y el abastecimiento mundial.
Aunque no mencionó conflictos específicos, el contexto global —interrupciones de rutas comerciales (Ormuz), disputas por recursos y militarización de espacios oceánicos— estuvo presente en la alocución, así lo interpretaron una decena de agregados militares de países extranjeros invitados a la ceremonia.
El almirante habló del comercio exterior, de las vías marítimas y de la economía argentina. “La vida y la grandeza de la República Argentina dependen principalmente de su intercambio comercial”, señaló en un párrafo y enfatizó la necesidad de tener una “conciencia marítima” para el control de los 4.700 kilómetros del litoral nacional.
El objetivo buscado: presentar a la Armada no como un gasto sectorial sino como una herramienta de protección de activos estratégicos nacionales.
Hacer docencia al Príncipe de que las funciones esenciales de la defensa nacional no constituyen un gasto prescindible, sino una obligación indelegable del Estado, vinculada a mandatos superiores de resguardo de los ciudadanos, de los bienes estratégicos y de la integridad territorial de la Nación.
Otro aspecto importante fue la reiteración de una idea clásica del pensamiento naval: “el mar se controla estando en el mar”.
Esa frase resume una crítica indirecta al deterioro operativo acumulado durante décadas.
El discurso evitó el tono confrontativo explícito, pero el diagnóstico fue severo: obsolescencia de medios, insuficiencia logística y pérdida de capacidades.
Sin estrategia, sin inversión y sin conciencia ciudadana, esa riqueza se pierde”, afirmó Romay al referirse a la importancia del Atlántico Sur, la Zona Económica Exclusiva argentina y la necesidad de garantizar presencia permanente en aguas nacionales.
El apoyo político del ministro al pedido de Romay
Se podría interpretar que Presti; el interlocutor político para abrir la billetera de Economía; dio un claro apoyo al reclamo del jefe naval; a su turno el ministro habló de: “recuperar capacidades, modernizar medios, volver a operar con los estándares de las Marinas con las que Argentina debe poder integrarse, hacerlo con la seriedad y la previsibilidad que el momento estratégico exige, porque el escenario internacional ha cambiado”.
“La Argentina necesita una Armada moderna, robusta y preparada, capaz de ejercer vigilancia y control efectivo en sus espacios marítimos, capaz de operar de manera integrada en todos los dominios, con las demás fuerzas armadas, capaz de sostener la presencia permanente donde y cuando los intereses de la Nación lo requieran”, pontificó el ministro.
En ese sentido, el almirante articuló tres demandas estratégicas: inversión sostenida en defensa; recuperación de la industria naval y para la defensa; e incorporación tecnológica.
La novedad es que no circunscribió el debate a buques o armamento convencional. Introdujo los drones, la guerra electrónica y la ciberdefensa.
Esta última actividad; por Resolución N°344/14; aún está limitada sólo a proteger objetivos de valor estratégico ante ataques digitales o los que busquen obstaculizar operaciones militares. Quedó pendiente y en estudio su modificación en línea con la reciente adecuación del Sistema de Inteligencia de Defensa que restableció la capacidad de contrainteligencia militar y permitiría ciber operaciones defensivas, ofensivas (actuar sobre redes del adversario) y de exploración, (inteligencia y contrainteligencia para obtener información y neutralizar acciones digitales intrusivas)
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