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SIMECO aumenta más que Swiss Medical y crece la bronca entre los afiliados

La prepaga del Consejo Profesional de Ciencias Económicas cobra más que Swiss Medical, quita servicios y multiplica el malestar de los contadores porteños.

Para los afiliados de SIMECO, las malas noticias ya no llegan de forma aislada: llegan en cuotas, una detrás de otra. Después del golpe de las facturas de enero y febrero, del salto que muchos denunciaron en marzo y del creciente malestar por el deterioro de la relación entre costo y cobertura, ahora apareció un nuevo aumento para abril de 2026 que volvió a encender la bronca entre los profesionales matriculados en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Ciudad de Buenos Aires.

La comunicación oficial fue directa: la cuota médico-prestacional subirá 3,9 por ciento respecto de marzo. El problema no es sólo el porcentaje. El problema es la comparación, que vuelve esa cifra todavía más irritante para los afiliados: Swiss Medical, la empresa que brinda las prestaciones de SIMECO desde la tercerización acordada en 2018, aplicará para ese mismo mes una suba de 2,9 por ciento.

La pregunta se impone sola y no encuentra respuesta convincente: ¿Cómo puede SIMECO cobrar más que Swiss si Swiss es quien efectivamente presta el servicio?

Aumentos por encima de Swiss Medical y malestar creciente

Ese desfasaje se volvió el emblema de una crisis que ya no puede explicarse sólo como un problema de actualización de costos. Para los contadores porteños, la cobertura médica del Consejo dejó de ser un beneficio de pertenencia institucional y empezó a parecerse cada vez más a una estructura que recauda más de lo que protege.

La bronca no empezó con abril. En marzo, varios afiliados denunciaron aumentos de hasta 21,3 por ciento, una cifra que terminó de romper presupuestos ya exigidos por la inflación acumulada, la caída del poder adquisitivo y el peso de otros gastos profesionales. La contadora Florencia Nanio sintetizó esa sensación con crudeza: dijo haber recibido una suba del 21,3 por ciento y lo leyó como una forma de empujar a los afiliados a abandonar la prepaga.

No fue la única. Los testimonios recogidos entre matriculados repiten un mismo clima: cuotas impagables, reuniones estériles con autoridades del Consejo, respuestas burocráticas y una percepción de abandono cada vez más extendida. Una jubilada de la profesión, de 77 años, relató haber recibido una factura cercana a los 400 mil pesos. Otros afiliados aseguraron que desde el Consejo los reciben de a uno para explicarles que no habrá ayuda concreta para quienes ya no puedan sostener los aumentos.

Lo más grave es que la crisis actual tiene antecedentes claros. En octubre de 2025, SIMECO ya había desatado un fuerte conflicto al aplicar una suba del 4 por ciento, cuando buena parte del sector de medicina prepaga había tomado como referencia una inflación del 1,9 por ciento. Es decir, no se trata de una excepción ni de un error puntual. Para los afiliados, aumentar por encima de la inflación se volvió una práctica recurrente.

Déficit estructural, padrón cerrado y sospechas de expulsión

El cuadro se vuelve todavía más delicado cuando se mira la situación estructural del sistema. SIMECO cuenta con 18.242 afiliados y una edad promedio de 47 años, lo que para muchos explica parte de su desequilibrio financiero, pero también la lógica con la que parece administrarse. Según denuncian afiliados históricos, la prepaga no se abre de manera amplia a nuevos ingresos desde hace nueve años, lo que alimenta una sospecha inquietante: que, en lugar de buscar rejuvenecer y ampliar el padrón, se esté dejando que el sistema se desgaste hasta depurarse por sí solo.

Esa sospecha no es menor. Detrás de la escalada de cuotas, empieza a tomar forma entre los matriculados la idea de que hay una estrategia silenciosa para expulsar a quienes más usan la cobertura: afiliados mayores, jubilados y pacientes con tratamientos frecuentes. Es, en definitiva, la lógica más brutal del negocio aplicada a una prepaga nacida dentro de una institución profesional: quedarse con los jóvenes y deshacerse de los caros.

Las cifras del propio Consejo no ayudan a despejar ese temor. Según el balance citado de 2024, SIMECO representó el 36 por ciento del déficit total de la institución, con un rojo de 1.447 millones pesos sobre casi 4.000 millones de desequilibrio global al 30 de junio de ese año. El informe de gestión fue explícito: “Desde hace muchos años SIMECO viene siendo una actividad muy deficitaria”.

Pero reconocer el déficit no alcanza. De hecho, para muchos afiliados ese argumento ya suena a coartada. Porque el verdadero punto de conflicto no es sólo que la prepaga esté en rojo, sino cómo se decide corregir ese rojo. Y, hasta ahora, la respuesta parece ser siempre la misma: trasladar la carga al afiliado cautivo, al profesional que sigue adentro porque no quiere resignar médicos, cartilla, sanatorios ni continuidad asistencial.

Falta de transparencia, judicialización y crisis de confianza

A eso se suma otra queja recurrente: la falta de transparencia y la caída de servicios. Afiliados como Nancy Domínguez vienen reclamando respuestas, ya que debió atenderse en el FLENI abonando de su bolsillo y, aún, no le respondieron en SIMECO si le van a devolver el costo de la consulta que realizó en esa institución que antes “estaba en la cartilla y funcionaba sin inconvenientes”.

Además, reclamó “que se extiendan a todos los usuarios los efectos de resoluciones judiciales ya obtenidas en casos particulares y que se publique información más detallada sobre el funcionamiento de SIMECO. El malestar no nace sólo del monto de la factura. Nace también de la sensación de que se paga mucho y se informa poco”, sostuvo a REALPOLITIK.

La tercerización en Swiss Medical profundizó esa confusión. En los papeles, SIMECO sigue siendo la prepaga ligada al Consejo. En la práctica, la atención y las prestaciones dependen de Swiss. El resultado es un esquema difuso en el que muchos afiliados sienten que nadie se hace cargo de manera integral: SIMECO factura, Swiss presta, los copagos aparecen de forma confusa y las respuestas concretas se diluyen entre escritorios.

También en ese punto hay testimonios elocuentes. Domínguez contó que en una consulta pediátrica intentaron cobrarle un copago que no correspondía y que tuvo que negarse de manera enfática para evitarlo. Otra afiliada relató que, al pedir explicaciones, le dijeron que SIMECO “no existe como prestador” y que sólo se ocupa de facturar. Si esa percepción se instala, la consecuencia es devastadora: el afiliado deja de sentir que tiene una prepaga y empieza a sentir que tiene un intermediario caro.

La crisis, además, ya se judicializó. Y ese dato muestra hasta qué punto el conflicto dejó de ser meramente administrativo. En 2024, SIMECO fue una de las empresas alcanzadas por la avanzada de la Superintendencia de Servicios de Salud, que cuestionó aumentos indebidos y obligó a devolver montos en cuotas. Más tarde, un fallo del juez federal subrogante Elpidio Portocarrero Tezanos Pinto ordenó retrotraer el aumento en el caso de un afiliado de 78 años que había pedido frenar la actualización de su cuota atada a Swiss Medical.

Lejos de aceptar ese límite como señal de alerta, la conducción vinculada a SIMECO y Swiss eligió apelar. Es decir, en lugar de revisar a fondo el esquema y atender el reclamo de una comunidad profesional cada vez más castigada, decidió profundizar la disputa judicial. Mientras tanto, el número de amparos individuales no deja de crecer. El abogado Germán Fernández llegó a señalar que presentó cerca de 200 acciones, un volumen que habla por sí mismo.

En paralelo, desde el Consejo afirman que la renegociación del contrato con Swiss Medical permitió reducir obligaciones por 24.400 millones de pesos, aunque el sistema sigue en rojo. Para los afiliados, esa explicación tampoco calma. Más bien genera una conclusión amarga: si había margen para renegociar, entonces también había margen para no cargar antes aumentos desmedidos sobre las espaldas de quienes sostienen la prepaga.

Ahí está el corazón del problema. SIMECO no parece funcionar hoy como una cobertura pensada para defender a sus afiliados, sino como un engranaje que les traslada el costo de su propio desorden.

Y ese desorden no golpea a cualquiera. Golpea a contadores, economistas, docentes, jubilados y familias enteras que forman parte de la vida institucional del Consejo. Personas que durante años pagaron, aportaron y confiaron en una cobertura asociada a su ámbito profesional, y que ahora reciben facturas cada vez más altas, menos explicaciones y un horizonte cada vez más incierto.

El caso tiene, además, un costado simbólico imposible de ignorar. Claudio Belocopitt, titular de Swiss Medical y una de las figuras más influyentes del sector privado de salud, quedó otra vez en el centro de las críticas. Para muchos afiliados, nada parece conmoverlo: ni la situación económica de los profesionales ni el impacto concreto que estas subas tienen sobre personas mayores. Lo que desde el mundo empresario se presenta como “recomposición” o “sinceramiento” de precios, del lado de los usuarios se vive como una política de exclusión.

La paradoja final es demoledora: en algunos casos, seguir en SIMECO puede costar más que contratar Swiss Medical en forma directa. Si eso no alcanza para encender todas las alarmas, entonces ya no se sabe qué podría hacerlo. 

Realpolitik.com