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Una empresa de Estados Unidos adquirió virus preparados para “cazar” tumores desarrollados en la Argentina

Una investigación iniciada hace 20 años en el Instituto Leloir derivó en una tecnología de vanguardia que acaba de venderse por 12,5 millones de dólares a una empresa que cotiza en el Nasdaq, de los EE.UU.

En la primera década de este siglo, el biólogo molecular especializado en terapia génica Osvaldo Podhajcer y su equipo de la Fundación Instituto Leloir modificaron un virus para que se dirigiera en busca de células cancerosas y las destruyera desde adentro. Tras patentar esa tecnología se inició un largo recorrido que, veinte años más tarde, acaba de recibir un espaldarazo contundente para llevarla del laboratorio a la cama del paciente: la patente y los virus desarrollados a partir de ella acaban de ser licenciados a Transcode Therapeutics, una empresa que cotiza en el Nasdaq, de los Estados Unidos, por 12,5 millones de dólares.

La transacción que acaba de concretarse permite que este desarrollo biotecnológico nacido en la Argentina avance varios casilleros para llegar al mercado en forma de una inmunoterapia contra el cáncer. Si resulta eficaz y seguro en los ensayos clínicos, podrá aplicarse en el tratamiento de pacientes. “Más allá de los aspectos comerciales, a nosotros lo que nos interesa es que esto siga avanzando”, comenta Podhajcer ante la noticia.

Todo empezó en 2006 cuando el jefe del Laboratorio de Terapia Molecular y Celular del Instituto Leloir trabajaba en un promotor —una secuencia regulatoria del genoma viral— que permitía que el virus se multiplicara selectivamente en células malignas y en las del entorno tumoral (que forman el estroma [tejido conectivo de sostén], los vasos sanguíneos y los fibroblastos que alimentan el tumor). Esta entidad no solo reconocía y eliminaba las células malignas, sino también el sistema de sostén y los vasos sanguíneos, sin dañar las sanas.

La historia del virus hecho para cazar tumores

Se trataba de un adenovirus (los que normalmente provocan resfríos, infecciones respiratorias y conjuntivitis) modificado al que el equipo del Leloir, integrado también por Eduardo Cafferata, Diego Viale y Verónica López, le incorporó instrucciones genéticas precisas. En ese momento, fue objeto de una patente en los Estados Unidos. Pero debieron pasar diez años hasta que apareció Daniel Katzman y ofreció licenciarla para su compañía, Unleash Immuno Oncolytics.

Katzman, bioquímico egresado de la Universidad Nacional de La Plata que después de recibirse se había ido a Israel a trabajar en biotecnología, y de allí a Boston, Estados Unidos, a instalar una oficina de su compañía, se nutrió de la dinámica de emprendedorismo tecnológico de esa ciudad. Cuando en 2011 regresó a la Argentina, volvió con la idea de hacer algo similar en nuestro país.

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