Las revelaciones apuntan a un poderoso funcionario del círculo íntimo del líder supremo y exponen la estructura con la que Irán planificó el atentado ejecutado por Hezbollah.
A más de tres décadas del atentado terrorista contra la sede de la AMIA, ocurrido el 18 de julio de 1994 en Buenos Aires, nuevas pruebas vuelven a reforzar la denominada “pista iraní” en la investigación del ataque que dejó 85 muertos y decenas de heridos, uno de los hechos más graves del terrorismo internacional en territorio argentino. La información surge a partir de nuevas declaraciones brindadas por disidentes iraníes ante la Unidad Fiscal de Investigación UFI-AMIA, que reactivaron el foco sobre el rol del régimen teocrático de Irán en la planificación y financiamiento del atentado. El testimonio más relevante apunta directamente a Alí Asghar Hejazi, un alto funcionario del aparato de inteligencia iraní que durante años fue considerado una de las figuras más influyentes dentro del círculo del poder en Teherán.
Según se pudo saber, en diciembre pasado la UFI-AMIA viajó a Francia para tomar declaración a cuatro disidentes iraníes que residen en ese país. Los testigos ya habían declarado en 1998 ante el juez Juan José Galeano, pero en esta oportunidad ampliaron su testimonio y aportaron nueva información sobre la planificación del ataque terrorista. Entre ellos, el testimonio que generó mayor impacto fue el del disidente Hadi Roshan Ravani, quien apuntó directamente contra Hejazi como el principal organizador de la operación.
“Ali Asghar Hejazi era la máxima autoridad responsable del ataque contra la AMIA. Supervisó los preparativos en Irán y viajó a Argentina para asegurarse del éxito de la operación”, declaró Ravani ante los investigadores. De acuerdo con su relato, Hejazi —quien hasta hace pocos días se desempeñó como subjefe de gabinete del líder supremo Alí Khamenei— era además considerado la “mano derecha” del ayatollah Ali Jamenei, el líder supremo del régimen iraní. También mantenía una relación directa con Mojtaba Jamenei, hijo y posible sucesor del líder religioso.
Uno de los datos más contundentes aportados en el testimonio es que Hejazi viajó a la Argentina en 1993, es decir un año antes del atentado, para verificar personalmente la viabilidad de la operación terrorista. Según declaró Ravani, el funcionario iraní ingresó al país el 26 de marzo de 1993 caracterizado como “obispo”, con el objetivo de supervisar los preparativos y confirmar que los agentes que participarían del ataque fueran confiables.
“Ali Asghar Hejazi era la máxima autoridad responsable del ataque contra la AMIA. Comenzó en Irán supervisando los preparativos del atentado y en 1993 viajó a Argentina para asegurarse de la viabilidad de la operación y de que los agentes que iban a actuar eran fiables. No se trataba de una simple supervisión, se le rendían cuentas y si viajó a Argentina fue para asegurarse de la veracidad de la información que había recibido y del éxito de la operación”, sostuvo el disidente.
En su declaración, Ravani también afirmó que el atentado fue ejecutado por el grupo islamista libanés Hezbollah, organización que habría actuado con apoyo logístico y financiamiento directo del gobierno iraní.
La estructura detrás del atentado
Durante su exposición, el disidente iraní también explicó cómo funciona el mecanismo interno del régimen para aprobar operaciones terroristas en el exterior. Según detalló, las acciones de este tipo se deciden dentro de un organismo denominado comité Vijeh, presidido precisamente por Ali Asghar Hejazi. “Una operación terrorista la determina el comité Vijeh, que luego la somete a aprobación del consejo de seguridad nacional. Con el aval del líder supremo se ejecuta”, afirmó.
Ravani aseguró además que Hejazi era “la persona más importante del régimen después de Jamenei”, con acceso directo tanto al líder supremo como a su hijo Mojtaba, lo que lo convertía en una figura central dentro de la estructura de poder del régimen El testigo también detalló que la preparación del atentado habría comenzado ya en 1983, cuando el régimen iraní envió a Mohsen Rabbani a la Argentina. Rabbani se desempeñó posteriormente como agregado cultural de la embajada iraní en Buenos Aires, pero según la declaración su verdadera misión era establecer contactos y reclutar personas dentro de la comunidad musulmana local.
“Irán comenzó a preparar el atentado en 1983, cuando enviaron a Mohsen Rabbani para este propósito. Aplicaron en Argentina el mismo modelo que se había empleado con Hezbollah en el Líbano: identificar a musulmanes locales para atraerlos a las mezquitas donde Rabbani ejercía como imán. Entre estos jóvenes reclutados, Rabbani elegía a aquellos con probabilidades de participar”, explicó Ravani. Según el testimonio, Rabbani trabajaba junto a Taha Abde Khodaei, consejero cultural de la embajada iraní en Argentina desde 1990.
Ambos habrían enviado informes a Teherán señalando las vulnerabilidades de la comunidad judía en el país, información que luego habría sido utilizada por el régimen para avanzar con la planificación del atentado.
El documento publicado en Irán
Como parte de las pruebas presentadas ante los investigadores, Ravani también aportó un recorte del diario en farsi Iran Zamin, publicado un mes después del atentado. El artículo menciona “amplias actividades terroristas del régimen en algunos países de América del Sur, Central y, especialmente, en Argentina”. El texto describe además que dentro del régimen iraní Argentina era considerada un objetivo estratégico, al que se referían como “el Segundo Israel”, debido a la presencia de una numerosa comunidad judía. “Entre los líderes del régimen, Argentina es conocida como el ‘Segundo Israel’ debido a su numerosa población judía”, señalaba el documento citado por el testigo.
El mismo artículo también hacía referencia a un informe del documento número 379 del Ministerio de Cultura y Orientación Islámica, en el que se analizaba la situación de la comunidad musulmana en el país. Según ese informe, alrededor de 400.000 árabes del Medio Oriente habían emigrado a la Argentina, de los cuales unos 250.000 eran musulmanes. “Los musulmanes de Argentina están formados en su mayoría por árabes que provienen de las regiones del Levante, es decir, Líbano, Siria y Jordania”, indicaba el documento. También sostenía que, tras la Revolución Islámica de Irán, se había producido “una transformación” entre los jóvenes musulmanes de la región, quienes expresaban “su retorno a sí mismos y su repulsión por la cultura argentina, y su entusiasmo hacia la Revolución Islámica”.
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