La Unión Cívica Radical bonaerense define su normalización tras la derrota electoral, en medio de la interna entre Miguel Fernández y Pablo Domenichini y atento a la decisión del juez Alejo Ramos Padilla.
Mientras persisten las heridas y sinsabores por no haber renovado diputados nacionales en las últimas elecciones de octubre último, los caciques de la Unión Cívica Radical (UCR) bonaerense organizan, después de un letargo prolongado, una posible normalización que les devuelva algo de la competitividad perdida.
Cabe recordar que las cosas no quedaron para nada bien después de la profundización de la grieta interna entre el sector liderado por el titular del comité de contingencia, Miguel Fernández y su par en la convención del mismo tenor, Pablo Domenichini.
En la previa del armado de listas del año pasado, los forcejeos y los intereses individuales primaron por sobre otro criterio y, en consecuencia, no hubo “doble firma” para que la UCR tuviera su sello para insertarse en algún frente. Esto no fue todo porque, cabe agregar, en diciembre, Fernández sufrió el apartamiento de su socio más cercano, el senador nacional, Maximiliano Abad, quien conjugó sus ansiedades por cargos con Domenichini para repartirse una serie de cargos institucionales en la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires y los correspondientes a la oposición.
Ahí destacan, entre otros, la obtención de una vicepresidencia de la cámara baja para el tandilense Matías Civale y un sillón en el directorio del Banco Provincia para el exconcejal de Quilmes, Fernando Pérez. Fernández y su gente quedó afuera de esa repartija.
Canastas domésticas
Hasta allí pueden resumirse mínimamente los antecedentes de este actual cuadro de situación que explican posiciones protagónicas y periféricas en el entramado de un partido que redujo drásticamente su representación parlamentaria, que obtuvo muy magros resultados en elecciones para cargos provinciales y que no existió en la grilla para la compulsa de octubre.
Con el acuerdo para cubrir intereses personales y sectoriales, tanto Evolución como el sector de Abad alcanzaron a cubrir sus canastas de necesidades domésticas. El costo puede ser grande porque disparó esquirlas hacia los cuatro vientos.
En tal sentido, se partió en dos la ya escasa representación de seis diputados con Alejandra Lordén por un lado (del sector de Miguel Fernández y Daniel Salvador) y con Diego Garciarena por el otro (sector Abad y Miguel Lunghi) , quedando también dividido en dos el bloque de dos senadoras provinciales. En este contexto, donde la sangre ya llegó al río, se plantea un imperioso esfuerzo de cicatrización de las heridas entre los diversos sectores que venían polarizando desde la irresuelta interna de octubre del 2024.
A ello hay que agregar que nada es inocuo porque el sector “Adelante” dejó a Abad y a Fernández en caminos diferentes, aunque también el sector amplio de “Futuro” que encabezaba Domenichini, también sufrió la separación del sector de Juan Manuel Casella (Vergencia) y Federico Storani (Corriente de Opinión).
El dilema de las fechas
Así las cosas, se viene haciendo una suerte de aceptacion de errores, sin mucho pedido de disculpas y se conversa sobre cómo avanzar hacia la normalización jurídica del partido, como previo y especial pronunciamiento de toda batalla electoral. Ahí el comité y la convención de contingencia vienen conversando una serie de acciones que sean creíbles para presentar ante el juez federal Electoral, Alejo Ramos Padilla, quien tiene la firma clave para habilitar la vuelta al ruedo del partido a nivel provincial.
Hay allí dos cuestiones: la fecha de elecciones internas y qué listas competirían o si habrá clima de unidad. En la cuestión del día de la convocatoria se hablaba y mucho del mes de mayo para que se realice esa consulta masiva a los afiliados. Se habló de mayo, luego de junio, pero impera también septiembre del 2026.
La idea que prevalece es la de despegar a esta interna radical de la efervescencia del Mundial de Fútbol que comenzará, como es sabido, el 11 de junio en México. La opción pasa por anticipar la convocatoria a tal día D o postergarla muchos meses después. Esto es porque a nadie se le ocurre combatir con caprichos de luchas intestinas partidarias a la fantasía de repetir un nuevo título y la pasión que eso implica y los correligionarios del centenario partido no quieren ser un problema en ese sentido. Esa confirmación debe tener el aval de la Justicia Federal y tal novedad se podría conocer entre esta semana y la segunda de marzo, según trascendió.
En tanto, es otro tema candente el avance hacia una posible lista de unidad que reduzca al mínimo el ruido partidario. Por un lado, se avanzó con la voluntad de los distintos sectores, tanto para la convocatoria a elecciones como para insertar al tema de la “unidad” como prioritario en la agenda de negociaciones.
Las postulaciones fugaces
El asunto tuvo un parto complicado dado que, a través de trascendidos tímidos y potenciados en los medios, ya se agregaron nombres sin consenso alguno.
Ocurre que estaban ya expuestos en vidriera los nombres del exdiputado provincial Emiliano Balbín y de Daniel Salvador como posibles sucesores de Abad en el comité provincia. El último de los nombrados estuvo como protagonista de una fuerte operación de prensa que recomendaba a Salvador como alguien indiscutible. Sin embargo, muy pronto salieron las desmentidas de esa falsa noticia cuya difusión se intentó con notable esfuerzo y con duración fugaz, luego de conocerse en un conocido canal televisivo muy cercano a La Libertad Avanza.
Luis Podio, uno de los vocales del comité de contingencia (alineado con Casella) salió a remarcar que hubo un acuerdo por el cual la fecha de internas sería el 6 de setiembre, un día muy sensible para la militancia radical porque evoca al golpe de estado contra el presidente Hipólito Yrigoyen. Más allá de esta comunicación, intriga sobremanera que sigan trascendiendo fechas de convocatorias en distintos medios como es el caso de un posible 5 de junio, unos seis días antes del partido inaugural del Mundial.
En cuanto a listas, según Podio “no hay candidato de unidad” ni nada que se le parezca por el momento. Y esto ocurrirá, según afirmó, mientras no se hayan debatido mínimos requisitos para obtenerla, lo que implica principalmente un debate sobre el camino ideológico que debe recorrer el radicalismo. En buen romance, desde el casellismo y el storanismo reclaman un debate que determine si la UCR será soporte del gobierno nacional de Javier Milei, si apoya un frente multisectorial contra sus políticas o si se constituye en una alternativa en sí misma.
En síntesis, la controversia y la disputa sin coincidencias parece que sigue siendo la norma imperante en un partido político tradicional, que ya se conviertió en la metonimia del caos partidario difícil de recomponer.
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