En el mundo libertario empieza a circular un nombre que no aparece en conferencias, no discute en redes y evita cualquier exposición pública. Darío Wasserman, cada vez más empoderado. Viene de los negocios, real estate, financiamiento y vínculos construidos durante años en la Ciudad. Su desembarco en el círculo de Karina Milei no fue casual. Fue una necesidad. Hoy su posición en el Banco de la Nación Argentina lo convierte en algo más que un funcionario. Es uno de los pocos que combina tres variables clave: acceso a financiamiento, capacidad de armado político y vínculo con sectores empresarios. En ese recorrido aparece un dato que en público nadie termina de desarrollar del todo, pero en off circula con insistencia: su vínculo con Daniel Angelici. No se trata de una relación orgánica ni visible, pero sí de contactos, puentes y códigos compartidos de la política porteña. Angelici fue durante años uno de los grandes articuladores del poder en la Ciudad, especialmente en la intersección entre justicia, negocios y política. Wasserman se mueve en ese mismo ecosistema, con otro estilo, más silencioso, pero con lógica similar. Un dirigente del PRO que todavía conserva diálogo con libertarios lo sintetiza así en off: “No es Angelici, pero entiende perfecto cómo se arma poder como Angelici”. Otro agrega: “Karina encontró a alguien que no le discute, pero que sabe exactamente dónde tocar para que las cosas pasen”. Su relación con Pilar Ramírez agrega otra capa. No es solo un vínculo personal. Es también un esquema de poder que conecta Ejecutivo, armado político y Legislatura. En una estructura todavía en formación, esa combinación pesa. El punto más sensible, sin embargo, está en la zona gris entre su pasado empresarial y su rol actual. Viene del mundo donde se negocian proyectos, desarrollos y financiamiento. Hoy ocupa un lugar desde donde se toman decisiones que impactan directamente en esos sectores. No hay acusaciones formales, pero sí una incomodidad creciente que empieza a mencionarse en voz baja. En la política porteña y nacional, la Agencia de Administración de Bienes del Estado es una caja de poder silenciosa. Define qué terrenos se venden, cuáles se concesionan y bajo qué condiciones se desarrollan proyectos inmobiliarios de alto valor. En off, distintos actores del sector inmobiliario mencionan que Wasserman conoce en detalle ese circuito. No necesariamente por un cargo formal en la AABE, sino por algo más relevante: su experiencia previa en desarrollos urbanos y su red de contactos en el negocio (Elztain, Constantini) heredados de sus vínculos con Horacio Rodríguez Larreta.
Beto Valdez
























