El gobernador bonaerense propone una medida que provocó la destrucción del sector energético de Argentina.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, le dijo al Gobierno de Javier Milei que controle los precios para frenar el aumento de los combustibles, una medida llevada a cabo por le kirchnerismo en el pasado, y que generó consecuencias devastadoras.
Durante una conferencia de prensa en la Casa de Gobierno bonaerense, el dirigente ultra kirchnerista reclamó: “Llamo al Gobierno a que cuide el bolsillo de la gente; para eso tenemos YPF nacional, para tener una política en torno al precio de los combustibles internos, sobre todo cuando ya logramos el autoabastecimiento”.
El gobernador también defendió el control estatal de YPF y cuestionó el exitoso modelo del gobierno de Javier Milei. “El modelo que quiere Milei es entregar el recurso natural y perder la oportunidad de generar industria nacional y encadenamientos productivos”, sostuvo con mentiras.
La peligrosa propuesta de Kicillof
Sin embargo, el planteo de Kicillof sobre controlar los precios reabre un debate con antecedentes recientes en la Argentina. El control de tarifas y combustibles fue un factor determinante en el deterioro del sector energético durante el kirchnerismo, cuando el país pasó de exportar energía a depender de importaciones para cubrir la demanda interna.
Uno de los principales efectos de ese esquema fue el desincentivo a la inversión. Con precios artificialmente bajos y costos en alza, la rentabilidad de las empresas se desplomó, lo que frenó las inversiones en exploración. Como resultado, las reservas de gas y petróleo comenzaron a caer de manera sostenida.
A la par, los precios subsidiados impulsaron un consumo ineficiente. Sin incentivos para el ahorro energético, la demanda creció por encima de la capacidad de producción, generando un desbalance estructural entre oferta y consumo.
Este desequilibrio obligó al Estado a importar energía a gran escala para evitar cortes, incrementando el costo del sistema. Para evitar trasladar esos costos a los usuarios, se implementaron subsidios masivos que terminaron presionando sobre las cuentas públicas.
El gasto en subsidios energéticos escaló de manera exponencial, pasando de niveles prácticamente nulos a representar entre el 3% y el 4% del PBI hacia 2014, convirtiéndose en uno de los principales motores del déficit fiscal y de la emisión monetaria, que provocó un fuerte aumento de la inflación.
El impacto también se sintió en la infraestructura. Empresas distribuidoras como Edenor y Edesur redujeron inversiones en mantenimiento ante tarifas congeladas, lo que derivó en un deterioro del servicio y en reiterados cortes de luz.
En este contexto, Kicillof propone repetir políticas que ya mostraron resultados negativos en el pasado, destruyendo el superávit energético logrado por el Gobierno de Milei.
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