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El submarino “spaghetti”: ¿Buques de Italia para la Armada argentina?

El gobierno de Javier Milei analiza la incorporación de submarinos italianos para la Armada en medio de dudas económicas y técnicas.

El contexto económico, a todas luces, genera serias dudas sobre la adquisición de submarinos “llave en mano”, ya sea de Francia —donde un sector de la Armada era favorable a esta propuesta— o de Alemania, tecnología ampliamente conocida por nuestros marinos, debido a sus altos costos y la cuestión del endeudamiento externo. Esto sirve de fundamento para que ciertos analistas propongan la compra de buques de segunda mano.

Existe un silencio absoluto sobre el ARA Santa Cruz, que duerme el sueño de los justos, al igual que la finalización del ARA Santa Fe. Hasta no hace mucho, circularon artículos que planteaban la factibilidad de su puesta en servicio, para luego, abruptamente, retroceder y considerarla inviable, sin brindar argumentos técnicos sólidos. Incluso se incurre en contradicciones cuando se propone como solución la incorporación de medios de segunda mano.

Las propuestas giran en torno a Noruega, Brasil, Turquía y ahora Italia. En todos los casos, los buques teóricamente disponibles tienen una antigüedad de entre 25 y 30 años (similar a la del ARA Santa Cruz, abandonado en los astilleros Almirante Storni). Tampoco se mencionan los costos de reparación previos a su entrega.

El submarino “hecho en Italia”: ¿Cortina de humo?

La Marina Militare italiana, luego de adquirir submarinos de fabricación nacional durante décadas, optó por el diseño alemán U212, aunque con una serie de requerimientos propios, conocidos como Clase Todaro, construidos en astilleros de la firma estatal Fincantieri, en el marco de un programa de cooperación mediante el cual Italia se integró al denominado Consorcio Alemán de Submarinos. El primer buque entró en servicio en 2006.

Estos nuevos submarinos comenzaron a reemplazar a la Clase Sauro, compuesta por ocho unidades incorporadas entre 1980 y 1995.

Los submarinos Sauro están divididos en cuatro lotes, con un desplazamiento que varía entre 1.640 y 1.860 toneladas. Tienen una autonomía de 2.500 millas a doce nudos, una tripulación de 51 efectivos y capacidad para lanzar torpedos y minas. Estas unidades fueron modernizadas entre 1999 y 2005.

En la actualidad permanecen operativos los cuatro buques construidos a fines de los años 80 y principios de los 90, con previsión de ser reemplazados por los U212 Todaro. El primero de los nuevos submarinos que sustituirán a los Sauro inició su construcción en marzo de 2026, como una evolución del modelo U212, denominados NFS.

La cesión gratuita del portaaviones Giuseppe Garibaldi a Indonesia posiblemente alimentó esta peculiar propuesta de analizar la transferencia de submarinos Sauro a la ArgentinaCabe recordar que los primeros submarinos que tuvo nuestro país, incorporados en 1933, eran de origen italiano.

La diferencia entre Argentina e Indonesia radica en que el país asiático logró un acuerdo altamente favorable, basado en un amplio programa de cooperación industrial y tecnológica con Italia. Las Fuerzas Armadas de Indonesia adquirieron dos patrulleros oceánicos clase Thaon di Revel y aeronaves de entrenamiento avanzado/caza ligero M-346 F Block 20.

Asimismo, Indonesia ocupa un lugar relevante para los intereses italianos, lo que explica la decisión del Senado de la República italiana de ceder el mencionado portaaviones como herramienta para fortalecer vínculos políticos y estratégicos, considerando que las proyecciones indican que hacia 2030 ese país podría convertirse en la séptima economía global.

Sería pertinente que los expertos y asesores del ministerio de Defensa argentino, que conduce Carlos Presti, analicen el caso indonesio, con el objetivo de alcanzar un acuerdo beneficioso para ambas partes en materia de transferencia de estos submarinos.

Una vez más, las propuestas sobre transferencias de equipamiento militar no contemplan aspectos más profundos, como la construcción de alianzas estratégicas de largo plazo, la cooperación tecnológica e industrial bajo una lógica “win-win”, ni la necesidad de definir el tipo de Fuerzas Armadas que requiere la Argentina para el escenario de conflicto futuro.

Creemos —y esperamos equivocarnos— que esta nueva novela sobre los submarinos, en su versión italiana, no es más que una cortina de humo por parte de la cartera de Defensa que parece un barco a la deriva.

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