02/07/2022

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¿El subsidio más grande de la historia? Molinos Cañuelas cobró 1.100 millones de pesos frente a la mirada incrédula de todos sus competidores, que sospechan de favoritismo

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El gobierno, a través de un fideicomiso sospechado de haber sido armado para favorecer a una sola empresa molinera, pagó el viernes a esa firma la friolera de 1.100 millones de pesos, equivalentes a unos 9,.5 millones de dólares. Posiblemente nunca antes en la historia de la Argentina haya habido una transferencia de dinero tan grande y tan veloz desde el sector público a un operador privado.

El pago se produjo ante la atónita mirada del resto del sector molinero, que se opuso al mecanismo considerando que no servirá para lo que se supone que se creó: bajar los precios del pan común que come la población.

¿A que juega Roberto Feletti? A pesar del rechazo de la molinería, insiste con un Fideicomiso Triguero que parece un “traje a medida” para beneficio de una sola empresa

Cuando hace diez días las tres cámaras de la industria molinera argentina manifestaron en público -cada una con su respectivo comunicado- su oposición al funcionamiento del FETA (Fondo Estabilizador del Trigo Argentino), nadie pensó que el funcionario responsable de idear y estructurar ese mecanismo, el secretario de Comercio, Roberto Feletti, avanzaría de modo tan rápido y tan decidido en los desembolsos. En especial, porque el rechazo de todo el sector implicó dejar en evidencia lo que todos sospechan: que este fideicomiso triguero es en realidad una maniobra para ayudar a una sola empresa, Molino Cañuelas, que arrastra un fortísimo pasivo.

Pero sucedió y las sospechas se multiplicaron de inmediato: de los casi 1.400 millones de pesos que Comercio Interior informó haber pagado el viernes a través de ese fideicomiso (administrado por el BICE), más de 80% fue a parar a una cuenta de Molinos Cañuelas, tal como se confirma en este comprobante de transferencia que llegó a manos de Bichos de Campo. Por lo menos en el sector agroalimentario argentino no se conocía una transferencia de semejante magnitud: Fueron exactamente 1.098.951.866,38 pesos que a las 14,52 del viernes cambiaron de manos: pasaron de  la cuenta del Fideicomiso estatal (que se supone se financia con recursos del aumento de las retenciones a los derivados de la soja) a la cuenta corriente de Molinos Cañuelas en el Banco Supervielle.

¿Y cuál es el problema? En principio que hay un universo de 160 molinos de los cuales solo 3 adhirieron al régimen impulsado por Feletti, que públicamente propone subsidiar fuertemente el precio del trigo destinado al mercado interno para así lograr una rebaja de los precios del pan. Y de los 3 empresas que adhirieron, hay dos que son parte del mismo grupo económico (Cañuelas y Molinos Florencia), mientras que la tercera empresa en danza (Molisud) es un pequeño molino de Jacinto Arauz que tiene poca capacidad de molienda (unas 2.000 toneladas mensuales) y apenas mueve la aguja.

En segundo término, que Cañuelas es un grupo que tienen elevadas deudas con el Estado y con el sector privado. Ingresó en convocatoria de acreedores con un pasivo reconocido por más de 1.300 millones de dólares, una suma que incluía hasta septiembre de 2021, cuando intervino la justicia comercial, la friolera de 2.874 millones de pesos de deuda fiscal y previsional. Pudo ingresar al fideicomiso porque el reglamente del mismo definía que esas eran deudas “no exigibles”, pero a la vez imponía a todo el resto del sector que presentaran a un situación impoluta ante el Fisco si quería acceder al programa de subsidios.

Los molinos se rebelan y rechazan los millonarios subsidios de Feletti: Sospechan que el fideicomiso está armado a la medida de una sola empresa

Además de las dificultades para cumplir con esta exigencia, desde el vamos el resto de los molinos se opuso a entrar porque temía que el Estado -como ya sucedió en 2011, con la fallida experiencia de las compensaciones de la ex ONCCA- terminara demorando los desembolsos y les ocasionara a las empresas un severo perjuicio financiero que dejara al borde de la quiebra a la mayoría, concentrando el mercado en menos manos.

Sucede que no son pocos los dineros en juego. Feletti pretende que el FETA compense cerca de 20.000 pesos por tonelada de trigo (para bajar el precio actual de 46.000 pesos por tonelada a los 25.000 pesos de antes de la guerra) y que entonces la bolsa de harina Triple Cero mayorista pueda venderse a 1.200 pesos en vez de los 1.600 o 1.700 que vale actualmente. Con este medida, se supone, las panaderías podrían bajar luego los precios del pan común.

Según alguna documentación que circuló en las últimas horas, Cañuelas ya comenzó a facturar la bolsa de harina triple cero a  los mencionados 1.200 pesos, pero esto no es garantía de que las panaderías que reciban esa harina trasladen la rebaja a los precios finales del pan, pues la incidencia de esa materia prima no llega en ningún caso a más del 20% de los costos finales de una panadería, como la energía, la mano de obra, los alquileres y los impuestos. De todos modos, distintas asociaciones de panaderos alineadas políticamente con el gobierno, festejaron el inicio de este operativo.

Frente al planteo público de que no podían ser ellos los que financien al Estado en esta aventuras (que ciertamente no asegura una ayuda a aquellos sectores de la población afectados por el alza de precios de los panificados), Feletti desafió a los molinos y prometió adelantar el 75% de los recursos correspondientes, según el volumen de molienda declarada por ellos en los últimos tres años. De esa decisión surgió el precipitado pago de 1.400 millones de pesos del último viernes, de los cuales el 82% correspondió a Cañuelas, según surge del extracto publicado.

No se informó desde el fideicomiso cuánto cobró Molisud y cuanto cobró Molinos Florencia (que también pertenece a Cañuelas). A diferencia de los que sucedía con la ex ONCCA en años anteriores, esta vez los pagos no se publican en el Boletín Oficial y es muy difícil el control social de los subsidios.

De todos modos, no fue el temor a las demoras del Estado el único detonante de que las tres cámaras de la industria molinera (FAIM, CIM y Apymimra) expresaran su rechazo público al mecanismo propuesto por Feletti desde diciembre pasado. Hay otros indicios en los que los molinos se apoyan para sospechar que el FETRA es un “traje a medida” para inyectar fondos frescos a una empresa concursada a la que, por esa misma razón, se le hace difícil conseguir quién le oferte el poco trigo disponible.

Una de esas razones extra es que en vez de subsidiar solo el costo del trigo para elaborar la harina Triple Cero, que es la que se utiliza para el pan común, en el Fideicomiso se incluyó a último momento otro tipo de harinas y subproductos de la molienda que se utilizan para elaborar panificados más refinados, e incluso las premezclas especiales. En esos rubros con mayor valor agregado Cañuelas es la líder indiscutida del mercado.

Frente al rechazo de las cámaras de la molinería, Feletti convocó el lunes pasado a una reunión de urgencia con los dirigentes del sector. Como no pudo torcer la decisión de los empresarios, luego informó que el Fideicomiso seguiría adelante porque finalmente los destinatarios del dinero no serían esas entidades intermedias sino finalmente las empresas que se adhirieran al mismo. Hasta ese momento, no se había dado a conocer el listado de empresas que se postulaban a cobrar los subsidios del FETA.

Recién el miércoles, fuentes de la Secretaría de Comercio Interior informaron a Página/12 la identidad de esas firmas: además de Cañuelas y su controlada Florencia había un tercer mollino interesado, el mencionado Molisud de Jacinto Arauz. Las únicas fotos que se difundieron oficialmente para mostrar que las empresas estaban cumpliendo su compromiso de vender harina “subsidiada por el Estado Nacional” correspondían a ese molino pampeano, y nunca a una de la decena de plantas que tiene Cañuelas.

Como sea, en menos de 48 horas de conocidos los nombres se conoció la información sobre este primer y millonario desembolso desde el Fideicomiso. Esta situación es por lo menos llamativa: el propio Procedimiento establecido por Feletti para el funcionamiento del FETA establece una serie de pasos burocráticos o que no se cumplieron o que se precipitaron de modo notablemente rápido. A saber:

  • La Autoridad de Aplicación remitirá una nota instruyendo al Fiduciario a contratar un Asesor de Revisión y Control a fin de que dictamine respecto de la documentación e información presentada por los eventuales Destinatarios de los Desembolsos, debiendo revisar en el legajo remitido por el Fiduciario,
  • Con el dictamen favorable del Asesor de Revisión y Control, el Fiduciario remitirá el legajo completo del Destinatario de los Desembolsos al efecto de que la Autoridad de Aplicación, a través de la Unidad Ejecutiva, emita la pertinente Instrucción de Desembolso.
  • La Autoridad de Aplicación, a través de la Unidad Ejecutiva, remitirá las Instrucciones de los Desembolsos conforme el mecanismo que se establece en el presente Manual.
  • El Fiduciario deberá realizar el Desembolso al Destinatario dentro del plazo de CINCO (5) días hábiles de recibida la Instrucción para realizar Desembolsos, siempre y cuando sean válidas las mentadas Instrucciones, existan fondos suficientes en la Cuenta Fiduciaria, y se cumpla con la totalidad de las Condiciones Precedentes al Desembolso estipuladas en el punto 8 del presente Manual Operativo.

En el caso ni siquiera se conoce todavía el nombre del Asesor de Revisión y Control y mucho menos si los trámites respetaron los pasos requeridos. Lo que quedó claro es que en este fideicomiso los tiempos se precipitaron de modo más que llamativo.

¿Quiénes son los principales acreedores del concurso de Molino Cañuelas?

Contrasta la situación con el Fideicomiso Aceitero, cuya implementación se anunció a principio de año y que todavía hoy no desembolsó los primeros pagos a las empresas que suministran aceite comestible al mercado interno dentro del programa de Precios Cuidados. Tampoco el primer fideicomiso destinado a compensar el precio del paquete de harina de 1 kilo dentro del mismo programa habría redistribuido los 25 millones de dólares provenientes de los exportadores de cereales.

Molino Cañuelas, en cambio, embolsó en tiempo récord 1.100 millones de pesos (más lo que corresponde a Molino Florencia, que también es de su propiedad). Es el subsidio más elevado en la historia de la agroindustria argentina. Y seguramente uno de los que más sospechas despierta. Habrá que controlar ahora si este monumental beneficio se traduce en un pan más barato.

Bichos de Campo

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